
Los pasajeros reportan una calidad de servicio altamente inconsistente con este transportista. Mientras que una minoría destaca conductores corteses, llegadas puntuales y viajes cómodos a precios razonables, la mayoría reporta graves fallos operacionales. Un problema recurrente importante es la transferencia inesperada de vehículos durante el viaje: los pasajeros compran boletos para rutas directas hacia terminales específicas pero son reasignados a minibuses abarrotados y dejados en ubicaciones al borde del camino o estaciones alternativas en lugar de los destinos prometidos. La comunicación es severamente deficiente; los cambios de ruta y transferencias se anuncian tarde o solo a través de Viber, dejando a los pasajeros desprevenidos. La calidad del vehículo varía dramáticamente: algunos viajes cuentan con autobuses cómodos, pero las degradaciones a minivans más antiguos sin aire acondicionado son comunes, especialmente en rutas más largas, con quejas de ventanas rotas, techos con fugas, fallas mecánicas y mala limpieza. La profesionalidad del conductor es altamente inconsistente: algunos corteses y serviciales, pero muchos son despectivos ante quejas, groseros e incurren en comportamientos inseguros (fumar en las cabinas, uso excesivo del teléfono mientras conducen, velocidad errática). Los retrasos de 1 a 8 horas se reportan frecuentemente con aviso mínimo. Lo más preocupante: los viajes cancelados resultan en un procesamiento de reembolsos extremadamente lento o ausente, y los pasajeros reportan incidentes de seguridad—individuos intoxicados a bordo—sin ser abordados por el personal.
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